Análisis de la pareja SAN pero DIOS en el Romancero gitano

A partir de los resultados de la nube léxica del Romancero gitano, establecimos una serie de parejas, contrarias o complementarias, para que cada uno de nosotros analizáramos una. En este caso, analizaremos SAN pero DIOS. Mientras que SAN (así como SANTO y SANTA) aparece un buen número de veces en el texto, DIOS apenas si está presente. Con el fin de ver estos términos en su contexto y comprobar si están próximos entre sí, hemos utilizado, además, el programa de concordancias y el de co-ocurrencias. En la página que lleva al siguiente enlace hemos colgado los resultados, en bruto, del análisis realizado con estas dos herramientas informáticas.

A continuación, ofrecemos un gráfico, en el que indicamos la frecuencia de aparición de los términos analizados:



De esta manera, vemos que DIOS aparece tres veces (más una, que es la frecuencia con la que se da CRISTO), frente a las veintiocho veces con las que nos encontramos con SAN, SANTO y SANTA (veintidós veces SAN, tres veces SANTO y otras tres SANTA).
En un principio, por lo tanto, hemos constatado la poca relevancia del término DIOS (y su derivado) frente a SAN (y sus derivados).

Centrémonos ahora en el término SAN. Todas las veces en las que nos encontramos con SAN, este actúa como adjetivo y va acompañando a un nombre, al igual que ocurre con SANTA. Sin embargo, las tres veces en las que está presente SANTO, este actúa como sustantivo. En el siguiente gráfico, hemos recogido los nombres a los que acompañana tanto SAN como SANTA y la frecuencia de aparición de cada uno:



San Miguel y San Gabriel, arcángeles ambos, son los que aparecen con más frecuencia, pero no nos parece, en un principio, que estas obsevaciones sean demasiado pertinentes para nuestro trabajo.

Si seguimos con nuestro análisis, las tres veces que DIOS está en el texto, lo hace acompañado de SAN (San Gabriel, concretamente), formando parte de una letanía que se repite: «Dios te salve, Anunciación [...]». De igual manera, la palabra SANTO está presente tres veces, pues se repite, una detrás de otra, también en una suerte de letanía: «Ángeles y serafines dicen: "santo, santo, santo"». En cuanto al resto de veces en las que se utiliza la palabra SANTO o SANTA, se hace de forma simbólica. Precisamente esa creemos que podría ser la clave del uso de esta pareja de palabras: aunque la influencia de lo popular es innegable¹, sin duda el Romancero gitano lo trasciende, pues opera en el plano de lo simbólico. En ningún momento el texto constituye un ataque a la religión, ni siquiera podemos decir que el uso de la pareja SAN pero DIOS se dé en un contexto ateo. A propósito de esto que acabamos de decir, parece pertinente reproducir lo que el propio Lorca afirmó acerca de su libro, en su «Conferencia-recital del Romancero gitano», aunque el fragmento sea bastante extenso:

  • Así pues, el libro es un retablo de Andalucía con gitanos, caballos, arcángeles, planetas, con su brisa judía, con su brisa romana, con ríos, con crímenes, con la nota vulgar del contrabandista y la nota celeste de los niños desnudos de Córdoba que burlan a San Rafael. Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve. Y ahora lo voy a decir. Un libro antipintoresco, antifloklórico, antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta; donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje, grande y oscuro como un cielo de estío, un solo personaje que es la Pena, que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles, y aunque no tiene nada que ver con la melancolía, ni con la nostalgia, ni con ninguna otra aflicción o dolencia del ánimo; que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender.



¹ De ahí la aparición de tantos santos. No olvidemos que Lorca creció en un ambiente en el que las romerías, el rezo de letanías y otras tradiciones relacionadas con una religiosidad que podríamos llamar popular estaban más que arraigadas. De igual manera, estaba impregnado de literatura oral desde niño, y precisamente uno de los temas de la misma tiene que ver con asuntos religiosos, especialmente vidas de santos. Fue por esa época además cuando ayudó a Menéndez Pidal en su labor de recopilación de romances por Granada. Todos estos aspectos se recogen en la «Introducción» de la siguiente edición del Romancero gitano: GARCÍA LORCA, Federico (2007): Romancero gitano, ed. de Mario Hernández, Madrid: Alianza Editorial.