Tareas de la sesión del día 01/06/2009

Resumen y reseña de los artículos de RELat


LÓPEZ MUÑOZ, Manuel (2002): «Delenda est machina? Informática y Filología Latina», en Revista de Estudios Latinos (RELat), 2, págs. 235-250.

Tal y como señala el autor, no parece tarea fácil tratar las relaciones entre Informática y Filología Latina, principalmente por lo que él llama la «alergia tecnológica» de la que parecen aquejados gran parte de los latinistas.

El artículo pretende analizar lo que las herramientas informáticas pueden aportar al trabajo filológico. Este aporte no se traduce en una mayor calidad de las investigaciones, sino en librar al interesado de una serie de tareas previas al análisis de los datos. Teniendo en cuenta que ya en 1976 se publicaron algunos trabajos acerca de la relación entre estas dos disciplinas, no estamos ante un asunto novedoso, pero sí carente de aportaciones pertinentes o de calidad.

En cuanto a las relaciones entre Filología Latina y Lingüística computacional, parece mayor el aporte que la primera puede hacer a la segunda y que se establezca, a partir de ahí, un intercambio entre una y otra. Así por ejemplo, la lengua latina, como corpus eminentemente cerrado, aporta un campo de pruebas a la Lingüística computacional en el que confirmar o refutar sus teorías, de la misma manera que esta puede elaborar herramientas capaces de explicar el latín y que permitan operar a los estudiosos con un volumen de datos considerable, con el que comprobar también la veracidad de sus hipótesis. Señala también el autor la necesidad de desarrollar sistemas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), que hagan posible almacenar y tratar los textos manuscritos, y no trabajar con meras imágenes escaneadas (lo cual ya es mucho).

En referencia a la crítica textual, todo a apunta a que lo más práctico sigue siendo editar uno mismo el texto, pero tratando de usar otro tipo de programas distintos al procesador, que acaben con la difícil traducción de formatos de archivo y permitan explotar todas las posibilidades que una edición electrónica nos ofrece, entre otras, la de hallar un programa que permita convertir el texto al lenguaje de las bases de datos, con el fin de poder trabajarlo después con distintas herramientas informáticas. A pesar de estos apuntes, el proceso de informatización no es nuevo, pues arranca de los años sesenta y llega hasta nuestros días, con programas que permiten facilitar la disposición gráfica de la edición misma o llevar a cabo la collatio.

La relación entre Filología y docencia es innegable, y es por ello que se han de tener muy en cuenta las posibilidades que la Informática ofrece en este campo: desde el desarrollo de software destinado a la educación (programas que permiten practicar métrica, sintaxis, etc.) hasta el uso de las nuevas tecnologías como apoyo a la docencia. En canal por el que se transmite el mensaje, tan familiar para los alumnos, facilita la tarea de interesarlos en la materia.

Igualmente, no debemos perder de vista el hecho de que la posibilidad de interconectar los ordenadores facilita desarrollar el trabajo conjunto: en el caso de las ediciones críticas, se podrían sumar las colaboraciones de un buen número de programadores, coordinados por un grupo más reducido de personas. De esta manera, volumen de trabajo invidual que cada cual tiene que llevar a cabo es menor, y es posible ir consultando cómo avanzando la labor, conservar los borradores, etc.

Por último, no se nos pueden escapar las enormes posibilidades que ofrece Internet: casi la totalidad de los textos latinos están disponibles en la red, es posible acceder a ellos sin desplazarse, se pueden almacenar, trabajar con ellos, etc. Sin embargo, el principal, problema es que, debido a las leyes de protección intelectual, no podemos acceder a sus aparatos críticos. Además, en Internet no encontraremos lo más necesario, sino lo que alguien haya dejado por la red, y tampoco parece que los actuales métodos de búsqueda garanticen la fiabilidad de los resultados.

Para concluir, el autor nos señala la necesidad de que los latinistas se abran a las posibilidades que les ofrece la Informática en el desempeño de su labor, y que ambas profesiones intercambien impresiones: de esta manera, el informático sabrá qué programas necesita desarrollar y el filólogo se verá beneficiado por los mismos. Para que esto se produzca, sería necesario crear estructuras institucionales de diálogo y trabajo interdisciplinares.

Parece que todos los puntos tratados en el artículo que nos ocupa son fundamentales, además de la progresión con la que están estructurados. Sí encontramos un problema: es probable que los que lo lean sean latinistas o profesionales de disciplinas afines, pero quizás no estén tan duchos en cuestiones informáticas. Decimos esto porque hay ocasiones en las que cuesta seguir el hilo, sobre todo en aquellos fragmentos en los que se utilizan tecnicismos o se habla de cuestiones muy específicas.
Coincidimos con el autor en la necesidad de subirnos al carro de las nuevas tecnologías, ante la perspectiva de facilitar nuestro trabajo y de interesar a los alumnos, pero sería necesario incorporar, en los planes de estudio de las distintas titulaciones filológicas, asignaturas que nos formen en estos dominios.




LÓPEZ MUÑOZ, Manuel y LÓPEZ-GAY LUCIO-VILLEGAS, José Ignacio (2005): «Estado actual y perspectivas de las bibliotecas digitales latinas», en Revista de Estudios Latinos (RELat), 5, págs. 329-352.

Los autores comienzan señalando que en su artículo no pretenden describir una serie de bibliotecas electrónicas, sin más, sino plantear qué proporciona cada una de estas con respecto a las bibliotecas de toda la vida. En suma, no se trata del qué, sino del para qué. También hay que tener en cuenta que, a pesar de la gran cantidad de recursos con los que contamos en la red, no todos son realmente interesantes.

A continuación, pasan a aclarar una serie de conceptos, entre ellos, los de biblioteca digital, virtual y electrónica, frente a las bibliotecas de toda la vida, que llamaríamos «reales». De entrada, el término «virtual» hace referencia a algo que no es real, por lo que su uso no sería demasiado apropiado. Sería mejor hablar de bibliotecas físicas y electrónicas, pero el uso de otros vocablos, más imprecisos, parece haberse impuesto, por lo que habrá que acatarlos. De esta manera, una biblioteca electrónica será la que se presente en este formato (por ejemplo, DVD´s, CD´s, etc.), y lo mismo ocurrirá con una biblioteca digital (una que se aloje en un sitio de Internet, por ejemplo). Así pues, en tanto que ni la biblioteca electrónica ni la virtual forman parte de la realidad tangible, ambas podrán ser llamadas, a su vez, bibliotecas virtuales. Lo cierto es que, tal y como nos indican los autores, no hay consenso en cuanto al uso de estos términos, aunque parece que se está advirtiendo una tendencia a la homogeneización.

Seguidamente, pasan a indicarnos los criterios de evaluación de las bibliotecas: externos (los que facilitan la interacción del usuario) e internos (filológicos, podríamos decir).

En cuanto a los criterios externos, es necesario tener en cuenta la usabilidad. Se trataría de la facilidad del usuario para acceder a la información que proporciona la aplicación, y esta se mide con criterios como el número de pulsaciones de ratón, la existencia de motores de búsqueda, el diseño gráfico, etc.
Empiezan considerando el soporte del navegador (en la actualidad, son dos los más utilizados: el Internet Explorer y el Mozilla). Los autores estiman que el hecho de que la correcta visualización de la página dependa de qué navegador se utilice es un elemento negativo.
El tiempo de conexión es otro de los criterios. Que este se alargue puede depender de factores ajenos al productor de la página, pero también nos podemos topar con páginas en las que hay que instalar programas adicionales para que funcionen, el exceso de contenido publicitario o, simplemente, la inexistencia de la dirección URL.
La carga de página, por su parte, no debe superar los diez segundos. Además, los elementos de la página que no terminan de cargarse dan una mala impresión a los usuarios.
Es importante, de igual manera, que en las páginas iniciales se explique el proyecto de página y verificar que se cumple, con el fin de que el usuario sepa si le interesa o no seguir navegando con sólo echar un vistazo.
Ha de estimarse también la armonía visual, pues tiende a crear una impresión de confianza en el sitio, así como la posibilidad de elegir idioma, el uso de marcos/menús, si el acceso es libre o restringido, la configuración de los motores de búsqueda, el hecho de que se pueda o no descargar información y una serie de valores añadidos, tales como un listado de enlaces, la posibilidad de interactuar con el webmanager, etc.

En lo que se refiere a los criterios internos, es necesario atender al número de autores que alberga la biblioteca, el número de obras (de poco serviría una página que nos ofrezca un buen número de autores, pero cuya producción no estuviera recogida de forma representativa), las épocas que abarca, el sistema de clasificación de los textos, la procedencia de los mismos y el formato en el que se presentan.

A continuación, los autores realizan la evaluación de los sitios principales (al menos, lo más utilizados), con el objetivo de señalar a cuál se puede acudir en función de lo que se busque. Las páginas evaluadas con las siguientes: Gutenberg Project, Project Libellus, The Internet Classics Archive, Biblos (Biblioteca Umanistica Virtuale degli Organi di Ricerca del CNR), Lector Longinquus, Perseus, Bibliotheca Augustana, The Latin Library e IntraText Digital Library.

Entre las conclusiones a las que llegan los autores, cabe destacar el hecho de que los textos proporcionados sean de filiación desconocida, por lo que no sepamos si estamos trabajando o no con una edición fiable. Se corre el riesgo, pues, de que el uso de estos textos no contrastados puedan constituir una nueva rama del stemma de cada obra. Además, se da la circunstancia de que el catálogo de autores y obras se repite en las distintas páginas; de esta manera, podríamos estar caminando hacia una reelaboración del canon. Por otro lado, las posibilidades que ofrecen los distintos formatos de los textos no están explotadas.

Como en el artículo anterior, el principal (y único escollo) con el que nos encontramos es el uso de tecnicismos del campo de la Informática. Como ya indicábamos más arriba, es probable que este artículo lo lea un filólogo en lugar de un informático, por lo que hay ciertos detalles que se le escaparán, incluso pasajes enteros que no logre terminar de entender. A pesar de ello, el mensaje del artículo es claro, y este problema de comprensión estriba principalmente en el receptor: como también indicábamos anteriormente, se hace cada vez más necesario subirnos al carro de las nuevas tecnologías, y cubrir esas lagunas que no nos permiten comprender algunos aspectos de textos como este.

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